Observándola observar, 1990

 

“F. Scott Fitzgerald, el novelista más destacado de la llamada “generación perdida”, decía que nada ayuda más al desarrollo del poder de observación que la práctica del silencio compulsorio.

 

Aunque su personalidad no es precisamente taciturna, Lou Peralta tiende a observar el mundo, sobre todo a la gente, desde un silencio elocuente y sereno.

 

En algunas ocasiones me he descubierto observándola, es decir: observándola observar. Así, me he percatado de que, a partir de una especie de distancia mental, Lou Peralta se convierte en un testigo altamente riguroso de lo que acontece en torno a sí.

 

Un dominio pleno del oficio fotográfico le permite despreocuparse de la técnica y entregarse a matices formales, a concentrarse en sutilezas de la curiosa realidad humana.

 

Describiendo a sus personajes con humor delicado o comprendiéndolos con ternura mesurada, Fitzgerald se convirtió en el narrador por excelencia de los años veinte.

 

Algo nos dice que los retratos que hoy presenta Lou Peralta son el preámbulo de una vasta serie, y de ser así, por los sólidos atributos que ha demostrado, ella podría convertirse —entre otras cosas— en una imprescindible cronista de la época que ahora vivimos.

 

—Claudio Isaac, texto de presentación de la exposición (marzo de 1990)

Documentación

 

Esta exposición consistió en 33 fotografías tamaño 40 x 50 cm montadas con marialuisas blancas y marcos negros. Al centro de la sala, como dejándose “observar”, se encontraba un maniquí vestido igual que una de las modelos de las imágenes.