Alma

 

Alguna vez fui una contadora de historias, una fotógrafa editorial por 35 años desde los años 80´s. Al principio, por supuesto, usaba fotografía análoga. Tomaba transparencias de 35mm y 6x7 pulgadas para hacer mis entregas para las revistas con las que trabajaba.

Cuando vino el cambio del nuevo siglo, me tomó por sorpresa la fotografía digital, el proceso de aprendizaje fue lento y costoso. Pero me apasionaba mi trabajo, retrataba a personalidades y hacía foto-reportajes y seguí aprendiendo y poniéndome al día.

Hoy en día, tengo un dilema, después de hacer una edición y escanear mis transparencias para hacer un archivo digital, tengo que tirar a la basura mis originales? Ya no sirven para nada? Es difícil, duele, es como tirar a la basura mis memorias.

Yo creo que no existe una visión objetiva. Los fotógrafos “hacemos” no “tomamos” fotografías, porque somos como unos filtros, nuestras vidas se reflejan en cada imagen de alguna manera. Y en cada imagen se va un poco de nosotros.

Esta es una imagen tomada a partir de las transparencias que escaneé para mi archivo y que estaban dobladas, cortadas y torcidas para evitar cualquier reconocimiento listas para desechar, sobre las caja de luz donde edité por más de mil días de mi vida.